En una de las cárceles de Sierra Chica todos los internos trabajan o estudian

En la Unidad 27 transitan la Primaria o la Secundaria más de la mitad de los privados de libertad. Un porcentaje de ellos también trabajan. Se desarrollan once talleres productivos y solidarios. Avanza la iniciativa de lograr autosustentabilidad.

En la Unidad 27 de Sierra Chica, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), la plenitud de los internos cumple con alguna actividad educativa o laboral, y avanza la iniciativa para que se convierta en una dependencia autosustentable.

Se trata de un establecimiento carcelario que funciona bajo un Régimen Semiabierto y que tiene las características de una granja, donde el 80 por ciento de sus ocupantes participa de alguna actividad de producción o trabajo, y se llega al 100 por ciento sumando las actividades educativas.

Al respecto, el ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari, explicó que “en diciembre de 2015 encontramos que sólo funcionaban 51 talleres de oficios en las cárceles de la Provincia. Hoy, por instrucciones de la gobernadora, María Eugenia Vidal, tenemos 310 en funcionamiento. Rubros textiles, de carpintería, herrería, electricidad, envasado de productos, confección de calzados, arreglos de sillas de ruedas y camas ortopédicas, chapa y pintura, mecánica, trabajos en viveros y huertas, elaboración de hostias, pelotas de fútbol, artesanías, trabajo en madera, ventanas para complejos habitacionales, ropa, panadería, dulces y conservas, producción de quesos, cría de porcinos y conejos, fabricación de bloques para construcción, tapicería, confección de colchones, guantes y vestimenta, libros y mapas en Braille, y otras actividades completan casi 80 variantes de tareas que hoy ocupan a los internos alojados en los penales bonaerenses”.

En la Unidad 27, que fue inaugurada el 24 de septiembre de 1993, se busca que sea un establecimiento autosustentable y se va en ese camino. Actualmente funcionan 11 talleres productivos y se dictan cursos de formación profesional.

El jefe de la sección Talleres, José Luis Ledesma, detalló que “en los talleres de esta Unidad se realizan varias actividades, pero la más destacada es la huerta que se está promoviendo para que esta sea una cárcel autosustentable. Estamos produciendo distintas especies de legumbres y hortalizas con la mano de obra de los propios internos que son alrededor de veinte, los que previamente al trabajo recibieron un curso teórico que los capacita y les brinda conocimiento sobre las semillas y las fechas de fertilidad. Acá el interno puede comprobar que con sus propias manos puede producir su alimento y que en su vida en libertad les puede servir para subsistir junto a su familia”.

Ledesma agregó que “contamos con el aporte muy importante del INTA Balcarce, Tandil y Olavarría, quienes siempre nos acompañan, realizando un seguimiento de la marcha de la producción respecto de lo que ellos van donando. Nos proporcionaron pollitas ponedoras bebé, que pronto tendrán edad de postura, con lo cual vamos a contar con los huevos para autoconsumo”.

Pero no todo está relacionado con el campo. En la Unidad 27 se dictan talleres productivos, todos con el sistema de cursos teóricos previos, que les da a los privados de libertad la posibilidad de trabajar en producción de tapicería, carpintería, herrería, chapa y pintura, electricidad automotriz y mecánica ligera.

Además, la población carcelaria, luego de convenios con agentes externos, produce bloques. Ledesma explicó que “el cliente acerca los materiales necesarios para la producción y aquí hacemos los bloques que tienen un costo por unidad y que le permiten al interno recibir un peculio por esa actividad”.

Un orgullo para los directivos de la Unidad 27 es la puesta en marcha del taller de carpintería que se restauró a nuevo en la parte edilicia y maquinaria, en óptimas condiciones para poder trabajar.

El director de Unidad, Prefecto Mayor Rubén Moyano afirmó que “en lo que va del año llevamos más de 80 órdenes de trabajo, por lo cual los internos reciben un pequeño sueldo, remuneración que va quedando para ellos o para su familia. Muchos de los internos alojados en este establecimiento tienen salidas transitorias y, si bien reciben pasajes oficiales, el viaje les insume gastos que ellos mismos se pueden solventar”.

En esta Unidad también realizan cursos de formación como el de costura, el de Gestor Ambiental, el de bobinados, entre otros, que se van brindando trimestralmente relacionado con distintas tareas que despierten el interés de los internos. Uno de los cursos destacados es el de lombricultura, que busca profesionalizar a los internos en la actividad, para ello llegan expertos del INTA buscando mejorar la producción del HUMUS y el tratamiento de residuos.

Por características geográficas la Unidad 27 es un establecimiento ideal para el trabajo de quintas o cría de animales, por lo que cuenta con una granja donde se destaca la cría de porcinos, ovejas, patos y de gallinas ponedoras, lo que se busca es que el interno produzca su propio alimento y se pueda lograr la autosustentabilidad.

Respecto a la educación formal, la mitad de los internos transita el nivel primario o secundario. En la Escuela Primaria para Adultos N° 701 la matrícula es de 38, y en la Escuela de Educación Media N° 5, 46.

En tanto, las autoridades del penal destacan los cursos de Alfabetización Digital y Electricidad, y los talleres de Braile, Encuadernación y Costura solidaria.

A nivel provincial, un vocero del SPB indicó que “en lo que va del año, más de 13.300 internos se encuentran capacitándose en oficios dentro de los talleres que reactivamos en las unidades penitenciarias y otros 14.500 están estudiando primario o secundario”.