Juan Carlos Bellomo merece ser recordado por todos nosotros, por las generaciones actuales y por siempre. Bellomo perdió su vida en las inundaciones de 1985, defendiendo los cortes de ruta que la Municipalidad de Bolívar había efectuado para evitar que las aguas inundaran la ciudad.

Ref.: La noche del 19 de noviembre, fue la culminación de una jornada heroica donde pueblo y gobierno, en auténtica fusión de ideales, escribieron una de las páginas más vibrantes de la historia lugareña.

Allí, en esa acción agotadora, que comenzó para muchos a las 4 de la mañana y que fue creciendo en ansiedad y riesgos a medida que la tarea dispuesta previamente se iba cumpliendo inexorablemente, resaltaba la figura de un hombre joven, en plenitud de vida y fuerzas.

El asumió, casi por temperamento, la conducción del operativo destinado a abrir dos brechas sobre la Ruta 226 para aliviar a la ciudad de una carga que iría a transitar por sus calles.

Se lo vio enérgico, dueño de un carácter fuerte en el mando, que escondía su natural forma de ser, sumamente cordial y tierna.

Él estaba hecho para el trabajo y en cada cometido comprometía su hombría de bien, pues se volcaba a lo suyo con autenticidad y real sentido del deber.

Al anochecer de ese día, fuerzas policiales provenientes en gran cantidad de la ciudad de Azul, llegaron hasta el primer corte de ruta, lo que movió al Intendente a dirigirse al lugar para entablar un diálogo pacífico, como fue la nota dominante de toda la gran gesta.

Para ello debió usar una lancha a motor. Al no regresar en tiempo prudencial, hizo suponer una retención ilegítima, lo que trajo la lógica conmoción a los espíritus ya tensos de angustias y temores.

Juan Carlos Bellomo, el hombre símbolo de esta epopeya, se alineó entre los que sin pensar en nada más que en el Jefe supuestamente detenido, afrontaron el riesgo de viajar por agua, en circunstancias totalmente anormales y peligrosas.

Juan Carlos Bellomo, ya de regreso, cayó a las aguas. Sus compañeros pudieron asirse a la vida con desesperación hasta que las manos amigas que quedaron en la ruta, pudieron aferrarlos, salvándolos de una muerte segura.

Le tocó a él. Sólo Dios presente en nosotros hoy más que nunca, sabe el porqué de esa elección…

Este dolor nuestro debe fecundar en obras, iluminando las mentes de nuestros gobernantes, para que la inteligencia, no el capricho, a veces la soberbia, sean motores de sus proyectos.

Si esto fuera así, si no quedara como una expresión de deseos, esta muerte se multiplicaría en muchas vidas útiles, para bien de la sociedad.

Juan Carlos Bellomo, hombre, padre, niño, se quedó a dormir en brazos de su pueblo. Esa voz – que es la más pura y tierna- acunará su sueño hasta la eternidad. Dios así lo quiso.

Fuente: Diario La Mañana – Sábado 23 de Noviembre de 1985 – Archivo Histórico

1878 - 2 de marzo - 2018

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