Sábado 15 Diciembre 2018

El imperio del curandero abusador de menores: recaudaba hasta medio millón de pesos por día

Raúl Guerreño fue condenado esta semana por violar a una nena de 11 años. La historia de un delincuente que logró montar una iglesia a través de la corrupción y el dinero sucio.

Raúl Donato Guerreño, conocido en los pueblos del interior bonaerense como el "hermano" o "maestro Raúl", arrastrataba multitudes desesperadas. Amaparado en el poder del Gauchito Gil, deidad pagana de origen correntino, armó su propia liturgia a partir de sus incomprobables pero muy veneradas capacidades de sanación. Con la magia del engaño, este hombre de 57 años confeccionó un imperio negro que recaudaba millones de pesos por mes, coimeaba policías y apretaba a quienes lo denunciaban. Así fue al menos hasta el último miércoles, cuando la Justicia lo condenó a prisión por el abuso de una nena menor de edad.

Guerreño nació en Santa Fe y a mediados de los 2000 se instaló en la ciudad bonaerense de Bolívar, donde construyó su fama de manosanta y su empresa, disfrazada de culto sin nombre. Con el paso de los años y la viralización de sus "poderes" a partir del boca en boca, el "maestro Raúl" dejó la casa que ocupaba en el centro de la ciudad, donde atendía, y se mudó a una quinta enorme con espacio para que sus fieles acamparan, estacionaran micros y combis y esperaban durante días y noches para escucharlo o tocarlo y confiarle su angustia y salud.

Por definición, un milagro es un "hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino". Los feligreses iban en busca de los trabajos inexplicables del "hermano Raúl", pero en efecto, lo que hacían, era nutrir el "milagro" de su propio negocio.

Después de la denuncia por el abuso sexual a una nena de 11 años, a quien él llamaba su "sucesora", y que finalmente le valió la condena a 16 años de cárcel en los últimos días, la Justicia realizó varios allanamientos en sus propiedades. Así, descubrió en un cuaderno anotaciones que detallaban la recaudación de cada sábado, el día de mayor convocatoria.

Al menos hasta 2016 Guerreño juntaba un promedio de 500.000 pesos por día. Si bien no cobraba sus plegarias atendidas, sí "sugería" una colaboración a voluntad. "Para esos años la mayoría eran billetes de la máxima denominación, es decir de 100 pesos, no es que se veían propinas de $ 5", comentó una fuente allegada al caso.

Además, como el predio donde atendía estaba alejado del centro de la ciudad de Bolívar, Guerreño instaló locales de venta de comida, de ropa, de "agua bendita" y sus propios baños, cuyo uso tenía, hace dos años, un costo de $100. Si alguien quería comida de lugares del casco urbano, la gente del "maestro Raúl" ofrecía el servicio de "motomandado", obviamente a cambio de una tarifa.

"Más allá de las ceremonias generales, donde se juntaban miles de personas, Guerreño tenía todo organizado: un predio gigante con lugar para estacionar combis y colectivos que llegaban de toda la provincia de madrugada. Ahí se formaban colas y a la mañana abrían las puertas y les hacían la recorrida. Tenía un salón de espera desde donde iban pasando los fieles al santuario. Ahí había una mesita con estampitas y al lado una urna donde la gente dejaba el diezmo", contó la fuente.

Pero la manipulación era tal que por el afán de sanación, el "hermano Raúl" conseguía que la gente le donara no sólo dinero, sino también bienes y también trabajo. Antes de caer detenido, Guerreño se estaba construyendo una quinta cerca del cementerio de Bolívar, dentro de la cual además pretendía levantar un hotel. "Lo que se refiere es que los albañiles se lo hacían gratis porque confiaban en que Raúl mejoraría la salud de sus familiares", comentó uno de los investigadores.

Guerreño, que en los registros de AFIP aparece como monotributista, sin aportes previsionales ni tarjetas de crédito, se convirtió así en un hombre poderoso, con dinero e influencia en los ámbitos político y policial.

Son varias las fuentes que aseguran que muchos hombres poderosos iban a sus ritos de sanación, incluidos intendentes y hasta dos ministros de las gestiones anteriores en el gobierno bonaerense.

El hombre usaba su poder y su dinero para comprar protección policial y plantar testigos falsos. Antes de ser condenado por el abuso de una nena de 11 años, Guerreño estuvo procesado por el abuso de otra chica, de 13, en Olavarría.

En aquella causa, Guerreño fue sobreseído llamativamente porque la Justicia no pudo constatar que "el hermano Raúl" era Raúl Guerreño. Los investigadores que trabajaron en ese caso cuentan que a la madre de esa niña "le hicieron de todo; la golpearon, la amenazaron la Policía y los propios fieles".

"No abusaba a cualquiera, no era idiota. Se aprovechaba de los más vulnerables o necesitados", detalló alguien que conoció al detalle su vida. Cuando la madre de la chica de Olavarría declaró en la causa por el abuso de la nena de 11 volvió a sufrir amenazas. Un grupo de hombres la interceptó en la calle y le exigieron que no se metiera con "el hermano Raúl".

Tras estos episodios se abrieron otras causas que todavía investigan el patrimonio no declarado de Guerreño. "Era un hombre que manejaba muchísimo efectivo. Tenía autos y camionetas de alta gama, un stud con caballos de carrera y mantenía amantes por todo Bolívar", relataron a Infobae.

Durante el allanamiento realizado en 2016 en su casa la Policía encontró al costado de su cama un bolso con 300 mil pesos en billetes. Las fuentes judiciales cuentan que allí mismo el "hermano Raúl" les ofreció dinero para que adulteraran la escena del crimen. A raíz de ese allanamiento Guerreño estuvo detenido un tiempo en Sierra Chica, donde luego se supo que había conseguido una celda VIP a cambio del pago de 10 mil pesos.

El hombre se manejaba con impunidad. También está procesado en una causa junto al ex titular de la sub DDI de Bolivar, el comisario Dante Ferrante, en la que se investiga el ofrecimiento del manosanta al policía para lograr impunidad en la causa por abuso que finalmente lo mandó condenado a prisión.

"Se sospecha que le ofreció a la Policía 500 mil pesos si lo ayudaban durante la investigación y un millón 'si las cosas salían bien'", comentó uno de los investigadores, aunque aun no se pudo corroborar que Ferrante haya recibido el dinero prometido: "Si no estaría preso". No obstante, Ferrante, fue desafectado de la fuerza.

Esa causa está a cargo del juez de Garantías 2 de Olavarría, Carlos Villamarín. Se sigue el rastro de tráfico de influencias y cohecho (coimas) y también están involucrados el jefe de la Departamental 25 de Mayo, Abel Moussompés, y el comisario Oscar Urruchúa, también pasados a disponibilidad.

"Logró atraer a multitudes. Andaba por las ciudades poniendo estatuillas del Gauchito Gil y los seguidores le hacían fiestas. Un año hizo un cumpleaños con todos sus fieles y hay que admitir que los medios regionales lo acompañaban. Tenía contactos muy arriba, con policías de alta jerarquía", detalló una periodista de un medio de la zona que cubrió el caso desde el inicio.

Pero el poder se le acabó cuando comenzaron a llover las denuncias por abuso. Según contó al medio La Mañana la fiscal de Bolívar que lo investigó a fondo, Julia Sebastián, "hubo 12 mujeres que recibieron abusos de la misma característica pero todas ellas fueron sujetos de presiones de parte de los seguidores de Guerreño y también apabulladas por el poderío económico, político y policial que éste ejercía".

De esa forma Guerreño logró construir una imagen inmaculada. En otra entrevista a un medio de Urdampilleta el manosanta anunció que la nena de 11 que violó durante dos años sería su sucesora y que él se convertiría en Gobernador. Julia Sebastián, la fiscal que lo investigó todos estos años y que lo llevó a prisión hace apenas unaa horas, sintetizó el perfil del "maestro Raúl": "La única viveza que tuvo es ser un embaucador".

Fuente: infobae.com